vespa y nevada en Salzburgring Elefantreffen 1985

“Hacer 13.000 km en Vespa lo hace cualquiera, lo duro es estar 22 días sin conversar”


Luis Muñoz, el pletórico abuelo motero


Desde el kilómetro uno, vamos a dejar claro el titular: si estás pensando que se trata de un motero al que han hecho abuelo todavía joven, con cincuenta y pocos, frío, frío… Ésta es la singular historia de Luis Muñoz, un asturiano feliz y lleno de energía e ilusión que, a sus 84 años, todavía pilota su moto y se cruza España para visitar a su familia. Luis nos recibe, junto a su mujer Victoria, en su soleada casa de jubilados en la Playa de San Juan, Alicante. Luis aparenta casi 20 años menos, tiene pocas arrugas, es risueño y tiene uno ojos azules cargados de viveza y alegría, para nada es la mirada que te esperas de un octogenario. Además es divertido y muy expresivo; a veces habla como un chaval. Pasamos todo el día con él charlando mientras sacamos fotos antiguas y mapas de una caja. Nos invita a una paella y luego nos descubre el revirado Puerto de la Carrasqueta. Fotógrafo y periodista, disfrutamos de nuestras motos en compañía de todo un catedrático del mototurismo. El paseo acaba con un descanso en el paseo de la playa. Estas son las peripecias de un aventurero, cuya forma de sentirse alegre, vivo y realizado siempre fue viajar en moto, cuanto más lejos mejor y sin importar si su compañera de fatigas era una Vespa o una BMW. Pero también es la historia de un incomprendido. Porque cuando sus amigos y familia empezó a considerarlo viejo, tuvo que mantenerse firme para mantener su afición a la moto, sabiendo de sobra el peligro que suponía y asumiendo que prefería morir así que por una enfermedad o por un ridículo accidente doméstico.

WELCOMOTARD: Luis, usted empezó…

LUIS MUÑOZ: ¡Tutéame por favor!

WM: Por supuesto. Tú empezaste con el mototurismo siendo ya muy adulto, ¿te fijaste tarde en las motos?

LM: ¡Que va! yo de niño, allá en Asturias, en el pueblo, hacía como los indios: oía un motor rugir a lo lejos y ponía la oreja en el suelo para adivinar si era la Vespa de uno u otro.

El abuelo motero Luis Muñoz y su sonrisa eterna: todo un estilo de vida

Risueño y vital, las ilusiones quitan años ¿o acaso aparenta 85 años?

Y pasaba muchas horas en el taller de motos que había en el pueblo. Era de un conocido de la familia y me dejaban entrar al taller y curiosear a mis anchas. Entonces no era como ahora, que parece que hay un secretismo y los mecánicos no te dejan ver lo que le hacen a tu moto. Claro, te hablo de finales de los años treinta y principios de los años cuarenta. Ah! Cómo me gustaba cuando arrancaban las motos y el olor de la gasolina. Eso sí, la postguerra fue una época difícil y tardé mucho en poder tener mi primera moto, con cuarenta y nueve años me compré una Vespa 125, luego la Vespa 200 y por fin, mi gran sueño: una BMW R65. De hecho, entre la primera y la segunda estuve varios años sin moto por los chiquillos y la economía.

WM: Entonces, esta foto preciosa donde te estás despidiendo de tu madre, con un abrazo, sería uno de tus primeros viajes…

Luis con la vespa cargada hasta los topes rumbo a Marruecos

“Compréndelo mamá: tengo que ver mundo en moto”

LM: Sí, eso fue una Semana Santa que decidí hacer un viaje por Marruecos en la Vespa. Vivía en Puertollano (Ciudad Real) y antes de marchar hacia el sur, fui a Turón, mi pueblo en Asturias, para ver a mi madre. La verdad es que esta foto abrazando a mi madre antes de partir es una foto bien guapa, es para un almanaque, una foto motera auténtica… y con amor. Mira cómo está llorando la pobre, le daba miedo que me fuera tan lejos en la moto.

WM: ¿Qué le decías para tranquilizarla?

LM: Hombre nunca se acostumbró. Ante la zozobra que suponía un viaje, ella se quedaba triste e intranquila, pero yo le decía: “no fumo, no bebo, no me voy de juerga por ahí hasta las tantas, es mi único vicio y es sano si lo comparas con las preocupaciones que tienen otras madres”. ¿Pero sabes qué pasa? Que las madres son egoístas, saludablemente egoístas, quieren acapararte y a partir de cierta edad ya no te dejas acaparar. En fin, la familia tuvo que acostumbrarse.

WM: Sin embargo, incluso hoy en día continúa un poco la eterna discusión, ¿no?

LM: Uf, sí. ¿Sabes qué pasa? que el año pasado tuve un accidente y me rompí varias costillas. Fue en una rutita de fin de semana con los amigos del motoclub. Y fue culpa del coche, que se cruzó. Pero ha sido suficiente para que algunos amigos y familiares hayan multiplicado por tres su discursito: que si “déjate ya la moto que ya no tienes los mismos reflejos”, que si “te vas a matar cualquier día”. Joder ¿yo os digo algo cuando fumáis o cuando os coméis medio kilo de tocino?

Luis Muñoz en París de fondo la torre Eiffel

La soledad del motero en la ciudad del amor

Mira, el otro día, estaba limpiando el baño a fondo, me subí a una banqueta para limpiar los azulejos de arriba y acabé cayéndome. Sólo me hice un moratón, pero si me llego a dar en la cabeza con la bañera y me mato, todo el mundo diría: “qué bueno era Luis”, “pobrecito, qué trabajador” ¡Y una mierda! ¡Menuda forma más ridícula de morir! Sin embargo, si La Parca viene a por mí yendo encima de la moto, dirían “mira que todos se lo dijimos, qué testarudo”. Pues hombre, sé de sobras el peligro que entraña la moto, pero lo asumo con gusto porque es lo que más vivo me hace sentir. Y te digo una cosa, soy muy consciente del riesgo, porque siendo presi del Motoclub de Puertollano la tragedia me ha tocado de cerca: amputaciones por culpa de los malditos guarda-raíles, muerte de amigos…

WM: Hablemos de las vivencias, de lo que compensa asumir ese riesgo. ¿Con qué viaje te quedas?

LM: El que más me marcó fue el de Cabo Norte por la soledad. Marruecos también me fui sólo pero no me sentí tan extraño, todo salió bien. Además el de Nordkapp fue todo un reto y, de hecho, en la primera intentona en 1983 no lo conseguí. Se me metió en la cabeza a pesar de que yo tenía por aquel tiempo una Vespa 125. El tiempo fue terrible. Me cayó agua sin parar desde Pirineos hasta Bélgica. Estaba acobardado. Paré en Andorra. Yo iba con un mono prestado, porque iba de pobre y dormí en un camping, siempre iba de camping, pero es que además recuerdo que había un hotel cerca y tuve la tentación pero pensé “como vaya al hotel ya no sigo”, ¡hay que ir a lo duro!

Charla motera en el paseo de playa de San Juan con dos yamaha: la Majestic y la XJR

Personas como él tendrían que ser inmortales…

Bueno, pues yo nunca había gastado vaqueros y cuando me los quito, fíjate si me había caído agua ¡que llevaba hasta los huevos azules! Al día siguiente los pantalones se podían mantener solos de pie. Y llego a Bélgica, con la moral por los suelos. Y se me ocurre visitar a una amiga del pueblo, Virtudes, que había emigrado allí. Pensé: “con una cara amiga, me repongo un par de días y continúo”. Me costó Dios y ayuda encontrar su casa en Bruselas, sin saber ni papa de francés. Y cuando llego me dicen que se acaba de ir una semana a Asturias. Me di la vuelta y me volví a casa. Llegué al motoclub y todos contentos cuando les dije que había estado por Bélgica. No les dije ni mu de mi fracaso, ni siquiera se lo dije a ella (señala a Victoria, su mujer).

WM: Pero tú no eres de los que se amilanan ¿cómo fue la segunda vez?

Mototurismo en Vespa 200, Yamaha xj 650, Moto Guzzi 65, Vespino gl

Cualquier moto te puede llevar a los confines de tu universo

Durísima pero exitosa. La segunda vez tampoco quise avisar a nadie de mis planes de llegar a Cabo Norte porque así no me iba con esa carga, con esa presión externa añadida de tener que llegar. Y cuando crucé la línea del Círculo Polar, entonces sí: llamé a mi mujer y le dije “ya sé adónde voy Victoria, a Cabo Norte, díselo a los chicos”.

WM: Claro, ya tendrías todos los hijos criados y podrías entonces tirar millas en búsqueda de aventuras…

LM: Claro, yo tenía entonces 54 años. Y por fin podía lanzarme a la carretera ávido de experiencias como estaba. Mira esta foto, esto es Holanda, el gran dique del Norte.

Luis Muñoz en Cabo Norte Nordkapp

A la segunda, fue la vencida: Nordkapp!!

Y aquí se ve mi moto pequeñita, la Vespa blanca. Y aquí la cafetería de Nordkapp y éste es el monumento. Una foto mala, pero es la única que tengo. Lo importante son los recuerdos.

WM: Y hoy en día que estamos en la época de las motazas para hacer turismo: las maxi-trail, las touring, ¿cómo es la gesta heroica de hacer tantísimos kilómetros en una Vespa?

LM: Os voy a decir: esto de 13.000 km ¡los hacéis cualquiera y en cualquier máquina! La prueba dura para mí fue el ir solo. Fíjate cómo era la soledad que ya volviendo, de repente veo a unos italianos en moto y les grito: ¡¡fratellos!! Y me paré a charlar con ellos.

Luis Muñoz viaje en vespa

Amigos italianos… “qué necesidad tenía de charlar!”

Y es que llevaba 22 días sin hablar con nadie, ¿tú sabes lo que es eso? Ese monólogo interior, ese estar solo ante todo es el verdadero reto. Lo otro, hacer kilómetros, puede ser duro pero es un logro secundario. ¡Eso sí yo me sentaba en el retrete y cogía las ruedas de los grifos y todavía creía que estaba encima de la Vespa!

WM: Y todo lo que te da viajar en moto ¿cómo se lo explicarías a una persona que no sea motera para que lo entienda?

LM: No lo va a entender.

¿Pero qué es lo que compensa el frío, el dolor, el cansancio, la soledad?

LM: Las experiencias que te da la moto, las personas que conoces, las diferentes formas de vivir la vida que conoces y además poder volverlas a saborear, rememorándolas, charlando con amigos, como ahora. De hecho yo nunca quise contar las historias en ninguna revista. Y mira que he visto a veces reportajes de viajes a Albacete…

Y sin embargo nunca lo conté en una revista porque esto que estoy haciendo hoy, me alimenta más que escribir en una revista. Porque no he tenido afán de protagonismo ni de divulgarlo. Cuando me llamaste hace unos años para hacerme un reportaje para la Televisión Valenciana (VER vídeo al final) te iba a decir que no, pero me caíste simpático por teléfono y cuando me dijiste que también eras motero, ¿te acuerdas lo que te dije?

WM: ¡Cómo no! Que me concedías la entrevista sólo si iba con mi moto y hacíamos una ruta juntos. Es que rodar en compañía es bonito ¿verdad?

LM: ¡¡Hombre!! La soledad tiene momentos muy bonitos, ese momento lobo estepario, saliendo a las cinco de la mañana el primer día de un largo viaje y que rompa el alba y te pille encima de la moto, rodeado de un paisaje que te acelera el corazón y con la cabeza llena de ilusión.

La vespa se topa con carámbanos de camino a Elefantentreffen 1985

Carámbanos rumbo a Elefantentreffen

Pero luego la soledad tiene momentos no buscados muy duros. Ahora casi siempre viajo con los amigos, por cierto, no sé si el sábado iré porque el domingo tengo que ir al hospital. Pero la verdad es que viajar en compañía es muy bonito: ver por el espejo retrovisor al otro, que también te ve a ti, pero yo no veía a nadie, ni adelante ni atrás. Porque la mayoría de mis viajes han sido conmigo mismo. Y eso hay que pasarlo, ¿sabes? Lo bueno es que también creces a nivel personal, son experiencias enriquecedoras. Pero además ¿sabes qué pasa? Que no invitaba a nadie por miedo a que tuvieran un accidente, digo mira: un hombre solo es un problema solo y yo soy mi problema y no involucro a nadie.

Rumbo a Elefantreffen en vespas

La chica sufrió los rigores del frío

WM: Aquí veo una foto de tus primeros viajes que sí que vas con compañía.

LM: Sí, esta instantánea es de camino a la concentración de Elefantentreffen en 1985, madre mía, mira qué diferencia de como estoy ahora. Fui con un matrimonio de amigos. 14 bajo cero y nosotros en la moto y nada de ropa técnica como la de ahora. Fíjate qué cantidad de hielo, qué carámbanos.

WM: ¡Ríete de Pingüinos!

LM: Desde luego fue un viaje duro, pero lo que te decía antes, al hacerlo en compañía y además encontrarnos el ambientazo allí, todo fue mucho más llevadero, incluso la tiritona, fíjate cómo estaba la tienda de campaña rodeada de blanco. Y recuerdo que, cuando llegamos, los tres nos abrazamos emocionados. Y eso sí, la chica, Mari Carmen, estuvo un mes sin poder caminar bien por principio de congelación en los pies.

Acampada bajo cero en Elefantentreffen 1985

Acampada bajo cero

Tú fíjate en esta foto, cómo estaba de nieve el circuito de Salzburgring. Y mira, todavía guardo esta medalla que me dieron como asistente… ¡qué buenos recuerdos!

WM: Me entran escalofríos de pensarlo, pasemos del frío al calor: ¿Qué momentos del viaje a Marruecos brillan más en tu memoria?

LM: Uyyy, muchos, esto hay que verlo en el mapa. ¡Qué paisajes y qué gentes más hospitalarias! En aquella época en Marruecos había pocos surtidores y la Vespa no tenía suficiente autonomía para llegar de un surtidor a otro así que, tenía que ir cargado hasta los topes con bidones. Mira qué foto más guapa con los aguadores, ¡qué tíos! Y mira, aquí pasé las gargantas del Todra y luego ya salí todo hacia arriba…

Luis Muñoz en Marruecos con Aguadores

Aplacando la sed del viajero

Pero la mejor anécdota es la siguiente: estaba en un semáforo y salen unos niños que me dicen que los intermitentes no funcionan y me dicen: “ven a mi casa y lo arreglamos”, yo les digo que no, porque había reservado en un camping de Marraquech. Los chavales me acompañaron y me ayudaron a montar la tienda. Y después les acompañé a su casa.

WM: Sabes que mucha gente hoy en día no lo haría ¿Los mototuristas confiamos más que la media en el género humano?

LM: Pues fíjate, no me lo había planteado, pero posiblemente sí, porque salir ahí afuera y conocer mundo te hace perder muchos miedos. Te das cuenta de que la mayoría de la gente es buena. Ya te contaré otro día una historia muy larga que me sucedió volviendo de Noruega y que habla de la solidaridad extrema entre moteros que son auténticos desconocidos. Pero volviendo a Marruecos, en este caso, yo recuerdo un detalle: los chavales venían de la escuela y uno de los niños iba con un puñado de libros así de grande y para mí eso fue suficiente para darme confianza, “unos chicos que leen tanto tienen que ser buena gente”, pensé. Así que fui allí a ver qué pasaba y no veas cómo me atendieron, me enseñaron la casa que era muy bonita. Tenían buena posición porque tenían una panadería-pastelería, vivían bien, tenían cuatro hijos: tres chicos y una niña. Los niños no querían limosna, como pensé al principio, sólo tenían curiosidad por un tío extranjero que había viajado hasta allí en moto, me veían como a un aventurero. Me invitaron a comer cus-cus, el padre con una sola mano repartía los trozos de cordero con una soltura que parecía un crupier repartiendo las cartas, jajaja… Insistieron en que no durmiera en el camping, que me quedara allí. Yo acepté y aquella noche sirvieron una cena opípara, ¡qué bien me trataron, qué hospitalidad!

Ah, y muy curioso, te lavan las manos, viene uno de los niños con una jofaina y te lava las manos, que no es lavarlas, es algo más, es un ritual, ¡y descalzos! ¡Todo eso hay que vivirlo! ¡Todo eso me lo ha dado la moto! Pero ahora verás, que no queda ahí la cosa.

Luis Muñoz y su nueva Bmw r65 ls

Reencuentro años después

Me vuelvo a Puertollano y años después, me dice un vecino que me está buscando un chaval marroquí. Y va y resulta que era el hermano pequeño, de los dos que yo me encontré en el semáforo. Había venido a España de viaje y el chaval vino adrede a Puertollano a verme. Yo en esa época ya tenía la BMW, aquí está él montado en la moto, le di una vuelta, se quedó en casa un par de días… qué bonito fue reencontrarnos y saber de su familia. Y ya te digo, todas estas vivencias me las ha regalado la moto.

WM: Qué bueno Luis, que ganas me estás dando de viajar. Bueno, ahora que tu mujer se ha ido un momento, antes no he querido hacerte la pregunta por si tocaba tema espinoso. Yéndote con un matrimonio a Elefantreffen, ¿cómo es que tu mujer no te acompañaba?

LM (baja la voz): Uyyy. Nunca le gustó la moto, en las Vespas se montó pocas veces. Pero yo no perdía la esperanza, cuando compré la BMW yo le dije: ¡Victoria, vamos a dar la vuelta al mundo que esto es el Rolls-Royce de las motos! Preparé la moto, endurecí un poco las suspensiones y salimos de casa, para ir a dar una vueltecita hasta la fábrica, que estaba a unos 3 km.

Luis Muñoz, su Bmw r 65 ls y un paisaje infinito

El Rolls Royce de las motos

Era ya casi de noche. Fíjate si íbamos despacio que nuestro perro, un pastor alemán, iba al lado nuestro corriendo. Llegamos a la fábrica, le pregunto: ¿qué te parece Victoria? “Bien”, me contesta. Y volvemos a casa… y cómo se bajó mi mujer de la moto, ¡cómo se bajó! que acabamos los tres en el suelo. Los tres: mi mujer, la moto y yo. Y lo primero que hice yo fue: ¡Ay mi moto! ¡Ay mi moto! Y claro, mi mujer enfadada porque estaba patas arriba y yo levantando la moto, creo que nunca más se subió a una moto. No se lo digas a ella, que si no…

WM: Jajaja Tremendo! Oye y hablando de la BMW, ¿cómo recuerdas ese cambio de la vespa a la alemana?

LM: Aaaaaahhh! Mi moto roja era, era… ¿tú sabes lo que es bajarte de una vespa y montarte en una BMW? Cuando yo me monté en Madrid encima de esa máquina en “Hermanos Rodríguez” no tenía palabras. De camino a casa, por la carretera de Ocaña iba riéndome debajo del casco!

Retrato de Luis Muñoz, el abuelo motero, siempre sonriente

Saboreando aquellos momentos felices

¡¡Riéndome!! Después las Vespas me parecían dos pucheros. Pero luego te juntas con las japoneses y la alemana parece un tractor por el ruido “popopopopopó”, mientras que el sonido de las japonesas es fino uauuuuu uauuuuuu.

WM: Supongo que con la BMW aprenderías mucho, pilotarías y tumbarías mejor.

LM: Con la BMW, yo era el hombre más feliz de la tierra. Al mes de comprármela, una compañera de mi mujer le dice: “mi hijo se acaba de comprar una Vespa de segunda mano, como tu marido entiende de eso, a ver si le acompaña algún día”. Y lo hice, y cuando me monté encima de la Vespa dije: ¡y cómo no se mata la gente en estas motos! y hacía sólo un mes que me había bajado de la mía.

Motos y looks de los 80

Quedada motera con la BMW rojilla

Y fíjate que aún hoy, cuando oigo una Vespa por el barrio, me paro e intento hablar con el dueño, porque todavía las sigo queriendo. Porque una moto que te hace esos viajes tan largos sin romperse… merece toda la admiración, qué mecánica más fiable y sencilla. Pero claro, algunos jóvenes del motoclub de Puertollano han venido aquí a Alicante en sus Vespas y pum: perforación del cilindro. ¡Que no! La moto corre a cien, pues llévala a noventa, ¡que tienes que volver a casa! Una moto ya grande no, porque te puede la moto a ti. Con la BMW era otra cosa, ¡y cómo tumbaba! Y con esta que tengo ahora también (una Yamaha Majesty 400) porque tiene el centro de gravedad muy bajo. Y cuando voy a cambiar ruedas me dicen “jolín cómo tumba usted”,

Luiz Muñoz y la Yamaha xjr 1300 como testigo de nuestra conversación

Las horas pasan volando conversando y ruteando con él

y es que me encanta la Carrasqueta, el puerto de montaña que tengo aquí al lado de casa, ahora luego nos damos un paseo por allí. Qué curvas que tiene, y cómo las disfruto a pesar de las limitaciones que sé que tengo.

WM: Ya quisiéramos nosotros tener tus “limitaciones” a los 84 años… ¡Pero si con la scooter todavía te recorres España de punta a punta!

LM: Sí, a Marbella voy a ver a mi hijo Guillermo y a Asturias voy a ver a una tía. Y lo hago sin parar más que para repostar: 950 km, de mar a mar, sin parar a descansar.

WM: ¿Y disfrutas de esos viajes tan bestias a tus ochenta y pico años?

LM: Sí, yo paro a echar gasolina y otra vez a la moto, como no tengo ni que fumar porque no me gusta, paro lo justo, si no me aburro. Lo cierto es que llega un momento en que se hace monótono, pero luego vuelves a divertirte por las curvas o por el paisaje o simplemente porque vas viendo cómo se suman los kilómetros en el cuenta o porque abres el casco abatible y escuchas el motor.

Bonita tumbada a lomos de una Moto Guzzi v65

De tal palo, tal astilla. Uno de los hijos de Luis…

Mira ése de la Guzzi tumbando es mi hijo Luis, el que murió. Guillermo, el de Marbella, también ha salido motero… Oye, y es cierto que algunas veces mis hijos me han acompañado en algún viaje y me han dicho “papá es que tú no paras”. ¡Agoto a los jóvenes! En tal de viajar más ajustaba el presupuesto que no veas. Recuerdo una vez que no pude encontrar dónde dormir en Asturias, bueno sí, en hoteles muy caros pero no estaba dispuesto a romper el presupuesto, así que me dejaron dormir en un motocarro en una gasolinera y allí que descansé. Fíjate tú, ¡“el abuelo”! porque en el Motoclub unos me llaman “el presi”, otros “el abuelo”. Yo creo que no me salen arrugas por eso, por el afán que tengo de, de… (y se calla, interrumpido por el teléfono fijo de casa, es su hija. Yo añadiría: de exprimir la vida, de saborearla, de vivir experiencias).

WM: ¿Se viaja muy diferente hoy en día?

LM: ¡Hombreeee, diferencia va!¡Cómo se viaja hoy día! Con la tarjeta Visa “na más”. A ver, hay de todo, pero yo creo que en general hay más señoritos. Yo siempre llevaba una tienda de campaña, un saco de dormir blanco y lo justito de ropa.

Mototurismo en Vespa 200, Yamaha xj 650, Moto Guzzi 65, Vespino gl

Cualquier moto te puede llevar a los confines de tu universo

Como mucho, algún día me permitía una pensión, un hostal. Eso sí, tenía todos los imprevistos calculados, para Marruecos por ejemplo tengo todavía apuntadas las previsiones de temperaturas y entonces no había internet. Que por cierto ¡qué maravilla!

WM: ¿No me digas que eres un abuelo 2.0?

LM: Uy! me paso horas curioseando por internet y acabo de abrirme email y Facebook para estar conectado con el mundo.

(Le interrumpe su mujer)

VICTORIA: ¡Pero si hasta hizo un curso de piloto de avionetas por internet y ni me enteré!

LM: No mujer, estaba estudiando cuánto costaba y comparando precios, pero al final me lo quité de la cabeza. Total, ir en moto es tan parecido a volar… Pero volviendo a Marruecos, tenía todo previsto, hasta el seguro, que si me pasaba algo me traían embalsamado y todo, jajajajaj…

WM: Volvamos a Cabo Norte, Luis. Nos has dicho que es el viaje que más te ha marcado: el más largo, con frío y sobre todo con mucha soledad. ¿Qué hizo que mereciera la pena?

LM: Pues aparte de la gente que conocí y de los momentos mágicos donde hablas contigo mismo, interiormente, y tu estado de ánimo se funde con el paisaje… Aparte de todo esto hay un compromiso… ¡contigo mismo! Yo me decía: “no puedo volver a Puertollano sin llegar a la meta, no puedo volver y decirles a mi familia y a los chicos del motoclub que me he rendido, porque llega un momento que efectivamente te rindes. Pero tienes que echarle un poco más y ya.

Postales a su mujer desde Elefantreffen

Lo mejor: “no te olvides de decirle al jefe que me amplie las vacaciones…”

Te estoy hablando de llegar al Círculo Polar Ártico extenuado y que todavía te quedan más de mil y pico kilómetros para arriba. Tienes que armarte de valor y pensar que cuando vuelvas, podrás decir que lo has conseguido. No como la primera vez que vine derrotado y no le dije a casi nadie lo que había pasado. Y lograrlo, a pesar de los sufrimientos, o precisamente por ellos, da un inmenso placer. Lo recuerdo como si fuera hace un rato: después de 13.000 km y 22 días de viaje, llegué devorado a Puertollano. Lancé el pasaporte sobre de la mesa y dije “vengo de Cabo Norte”… Qué curioso es el ser humano, porque si me lo llega a recetar el médico… ¡no lo hago ni por asomo!

Y ojo, qué bonito es llegar a la meta y luego volver a casa, pero qué bonito también es preparar el viaje: estudiar los mapas, ver las temperaturas, las distancias, comprar las latas de gasolina y luego hacer el rito de ir al motoclub y que te despidan…

Mira una postal que envié desde allí (lee): “querida familia ya sólo me quedan dos días para alcanzar mi meta: Cabo Norte. No lo había comentado antes porque no sabía si sería capaz de conseguirlo. Ahora, creo que sí. Me acuerdo mucho de vosotros y ya tengo muchas ganas de abrazaros. Besos a los chicos. Con todo el cariño, Luís. P.D. Dile a mi jefe que me dé más vacaciones”.

WM: jajaja, ¡Qué paciencia ha tenido que tener tu mujer!

LM: Síiii, siempre me ha comprendido y ha tolerado mi vena loca, pero bendita locura, te lo juro, yo es que me aburriría siendo de otra manera, soy así… Mi mujer se ha casado con un problema. (Ella sonríe con ternura).

WM: ¿Qué paisaje tienes marcado a fuego en tu memoria motera?

LM: Yo siempre lo he dicho: no hay que salirse de España para ver cosas preciosas. Si quieres ver una naturaleza brava y maravillosa, tienes ahí al lado de casa los Pirineos, no hace falta irte a los fiordos noruegos, y te lo digo yo que los he pasado, uno a uno, y he tenido que embarcar en algún ferry para no tener que dar una vuelta de 50 km. Ahora hay un montón de puentes que atraviesan el mar ¿Lo has visto en la tele? ¡Con curvas y todo! Me encantaría ir por ahí, ahora estoy soñando. Tengo que ir con alguien.

WM: ¡A la próxima te acompañamos! Pero no sé si podremos seguirle el ritmo al Superabuelo motero…

LM: A ver, si al final no es que sea un super nada, la ilusión es lo que me hace acallar el dolor. Recuerdo que una vez llevé a mi nieto, el de Marbella, en la moto. Fue desde aquí, San Juan, hasta Alcoi y me dice: “abuelo, me duele la espalda, ¿a ti no te duele?” Sí hijo, pero me aguanto, jajaja”. Y cuando entra el frío y se te clava ese cuchillo ahí buuuuu, un dolor, y quedarte entumecido y ponerte en los pedales de atrás de la BMW para estirarte. Pero es que si la cosa no tuviera algo de gesta, si no te sintieras un poco atleta cada vez que acaba la jornada, no tendría ni la mitad de gancho.

WM: Hablando de tus nietos. ¿Alguno ha heredado ese gen aventurero sobre dos ruedas?

Aquí descansan las cenizas del gran Luis Muñoz

Homenaje al Mototurismo en Puertollano

LM: Empieza ahora mi nieto a ir en moto, mi nieta también, aunque ahora se ha pasado al coche pero quiere tener moto otra vez. Eso los de mi hijo Guillermo. Los de mi hija Raquel no quieren saber nada, por su madre, y se equivoca. No por nada, yo soy el primero que reconoce que la moto es canalla, te mojas, puedes tener una desgracia… pero es que se va a montar encima de la moto de los amigos y va a ser peor. Enséñale a tus hijos a ir en moto, a ir con cuidado, porque si no, van a acabar yendo de paquete o probando la moto de un amigo (su mujer se suma a la conversación)

VICTORIA: De hecho, a nosotros nos pasó cuando nuestro hijo era adolescente, nos dijeron que lo habían visto llevando una moto y pensamos que para buscarle un problema a otro, lo mejor era comprarle nosotros la moto y así si pasaba algo los responsables éramos nosotros.

LM: Y es lógico, a esas edades van a tener la curiosidad, querrán experimentar cosas, vivir. Yo lo último que haré cuando ya no pueda, me compraré un triciclo de esos eléctricos, e irá el abuelo con los mocos cayendo pero dándole el aire en la cara y cuando pare, no hará falta que ponga los pies en el suelo para que no se me caiga.

Hielo camino de Elefantreffen en vespa

Más gesta cuantas más adversidades

WM: Si pero eso lo debes de ver lejano, porque me ha dicho un pajarito que ya le has echado el ojo a una nueva moto…

LM: ¡Me has pillado! me he enamorado de una Honda, La NF algo, esa rara que parece un tiburón y que es automática, como una mezcla de moto de carretera y scooter. Y me gusta porque de altura es bajita y llego bien. Si todo va bien en el juicio de mi accidente y me indemnizan lo que toca, me la podré comprar… Ay, mi moto, si no se hubiera muerto mi moto, la pobre, no la quise ni ver. Todavía no la he visto después del accidente. Me llevaron en una ambulancia y no quise verla, me llevé un disgusto…

WM: Aún así, no le has cogido miedo a la moto, sigues saliendo los fines de semana ¿no?

LM: ¿Te digo un secreto? En la vida no se puede andar con miedo, y nos lo meten en la cabeza desde chiquitines. Respeto sí, miedo que te condicione, no, y menos a algo que te ha hecho vivir la vida con intensidad.

¡Claro que sigo saliendo! y parte de mis amigos y familiares no lo ven con buenos ojos. Pero vive y deja vivir. Tengo un grupo de amigos muy bueno. Con todos los que salgo son como vosotros treinta y pico, cuarenta. Y claro, me tienen que esperar porque ellos llevan moto, moto. Yo llevo una 400 y ellos 1200, 1000, la más pequeña una Triumph 800 y encima van mejor en las curvas. Además, aunque yo tuviera sus motos no podría ir a su ritmo. Así que ellos me esperan en los cruces, luego desayunamos, lo pasamos bien. Y ahora últimamente, como tengo lo que tengo, me notan raro de ánimo. Me dicen ¿y qué te pasa Luis? Porque yo soy muy abierto y me río de todo, lo primero de mí mismo, porque si no, apaga y vámonos. Y bueno, insisten: ¿algo va mal? Y al final les digo que me han diagnosticado un cáncer de colon. Y con la mejor intención, uno me dice: “pues mi hermana también pasó uno” y otro añade: “pues a un vecino”… Todos quitando hierro, pero es inevitable estar preocupado. Me operan dentro de nada. Así que por lo menos, hoy con vuestra visita, ya no pienso en eso. Estoy pasando un día bonito… Tú imagínate mi estupor: duermo bien, como bien, allá en Puertollano estuve más de 10 años sin ir al médico, que cuando fui por una cosa menor, me dijeron que mi médico de cabecera había fallecido hacía muchos años y miraron por curiosidad mi historial y me dijeron que hacía casi once años que no iba por allí…

El abuelo Luis Muñoz reflejado en su Yamaha Majesty 400

Reflejándose en su compañera de fatigas

Continuamos horas y horas charlando, riendo, compartiendo filosofía y cultura moteras. Nos comimos una paella con él y con Victoria, su mujer. Paseamos con la moto, nos hicimos fotos en el paseo de la playa. Le dimos un abrazo largo y sentido. Le deseamos fuerza y suerte en la operación y le aseguramos que iríamos a verlo cuando le dieran el alta. Cinco días después de entrevistarlo, entró en quirófano. La misma noche llamé al fijo de su casa y su mujer me dijo que la operación no había sido fácil y que se lo habían llevado a la UCI para tenerlo más controlado. Victoria había sido enfermera, y no detecté demasiada preocupación en su voz. Colgué convencido de que Luis saldría airoso de esa curva que se cerraba a traición. Un par de días después volví a llamar y Victoria me dijo que Luis nos había dejado.

La charla con Luis fue en la primavera de 2013. Esta entrevista ha estado guardada en un cajón todo este tiempo. Aunque cada palabra vale su peso en oro, tuve que esperar a que la herida cicatrizara un poco.

Si existe un cielo, seguro que el de Luis tiene motos, curvas, paisajes y gente buena, como él. Si no existe el cielo, no pasa nada, porque Luis disfrutó muchísimo de su vida. ¡Qué grande fuiste!

Aquí, en Puertollano, descansan las cenizas del gran Luis Muñoz

Aquí descansan las cenizas del gran Luis Muñoz

EPÍLOGO

Documentándome, he podido saber que el Motoclub “Puertomoto”, que presidió Luis en Puertollano, ha sido el impulsor de un monumento motero en una rotonda de la carretera.

Una escultura que rinde homenaje al “presi” -sus cenizas yacen allí- y a la vez rememoran la concentración mototurística “Mineros” que lleva veinte años celebrándose, entre otros, gracias al trabajo de Luis Muñoz. Te debemos una visita, Luis…

RTVV Entrevista a Luis Muñoz, 2011

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